La trufa negra es una seta muy apreciada en la cocina por su aroma desde hace siglos. La Cataluña Central es la principal zona productora del país, porque es una seta subterránea en la que benefician las características de esta área: bosques de robles y encinas húmedos donde en invierno hace mucho frío.
La trufa negra (Tuber melanosporum) es un seta subterránea con un ciclo de vida más largo que el resto de las setas que encontramos en el país. Es esférico y de tamaño variable, de una media de unos 5 cm. Su superficie es negra, vertiginosa, clivelada por formas poligonales. En el interior, la carne es negra menos intensa o tostada, mojada y compacta, con finas venas de color más claro. Esta trufa es muy apreciada por su aroma particular, potente y muy agradable, y por eso se suele emplear raya o en forma de láminas muy finas.
Se distribuye en fresco en temporada en unas pocas paradas de mercados de toda Cataluña, especialmente en las próximas a las zonas de recolección. También se vende en botes pequeños en tiendas de 'delicatessen'.
La trufa, como el resto de setas, son alimentos muy poco energéticos, y su energía procede principalmente de proteínas. También es una buena fuente de diferentes vitaminas del grupo B. En cuanto a minerales, destaca su contenido en cobre.