Los vinos de La Conca de Barberà cogen sus características del microclima específico de la comarca y de las tierras que ocupan las viñas, establecidas en terrenos sometidos a erosiones fluviales.
La DO Conca de Barberà abarca una extensión de 2.875 ha de viña, que es la principal producción agraria de la comarca y se concentra en la zona formada por la erosión geológica generada por los ríos Francolí y Anguera, área conocida como "Conca estricta". El medio natural de esta área es muy homogéneo. Los terrenos son fundamentalmente calcáreos, de origen terciario y consistencia media y media-fuerte. Una de las particularidades de este vino las otorga el microclima diferenciado de esta tierra, mediterráneo con influencias continentales, que propicia un fuerte contraste en las temperaturas de la noche y el día. Los inviernos son fríos y los veranos no excesivamente calurosos. La pluviometría anual típica se sitúa en los 500-550 mm. Esta conjunción de factores hace de esta área una tierra idónea para el cultivo de la viña.
La evolución de la producción de viña se encuentra estrechamente ligada en esta comarca a su historia. La Conca de Barberà ha sido un área agrícola con un notable cultivo de viñas, que antiguamente había estado estrechamente vinculada a Poblet y a los órdenes religiosos instalados en esta zona. Es por ello que la viña tomó embrague en la edad media, junto a los cereales y el olivo, durante el periodo de repoblación posterior a la ocupación cristiana de la Catalunya Nova. Serían, pues, los monjes cistercienses y la orden de los templarios los responsables de transmitir los conocimientos del cultivo de la vid y la elaboración de vino a los campesinos. El otro gran empuje tuvo lugar entre finales del siglo XVIII y mediados del XIX, cuando la exportación de vino y aguardiente al norte de Europa convirtieron la viña prácticamente en un monocultivo, en la Conca de Barberà. Esta zona no se escapó de la plaga de la filoxera, pero el vigor de la producción propició que fuera la Conca de Barberà el primer lugar donde, en 1894, se creó la primera bodega cooperativa de Cataluña, en un intento de superar la crisis, y que ha dejado como testigo las famosas bodegas modernistas. A partir de la segunda mitad del siglo XX, la calidad del vino se ha ido incrementando permanentemente hasta convertirse, desde 1989, en un espacio geográfico con una DO propia.
Los vinos que se elaboran destacan por su personalidad. Predominan los blancos y rosados, pero también se hacen excelentes negros. Estos últimos tienen su referente diferenciador en la variedad autóctona: Trepat. Una variedad que proporciona vinos delicados, afrutados, frescos con notas especiadas y ligera graduación alcohólica. También encontramos vinos tintos con más cuerpo y envejecimiento de las variedades Tempranillo, Cabernet Sauvignon, Merlot y Syrah entre otros. Los vinos blancos, ligeros y con buena acidez, se elaboran principalmente con las variedades parellada y macabeo. Los que reciben una crianza son más consistentes y se elaboran con Chardonnay. Los rosados se elaboran mayoritariamente con Trepat y son sedosos y suaves en boca.
La producción anual es de 8.000 hl, con 647 viticultores y 23 bodegas elaboradoras.
El vino de La Conca de Barberà se distribuye dentro y fuera de Cataluña y se lo puede encontrar en todo tipo de establecimientos especializados, especialmente los de la zona que corresponde al ámbito de elaboración. Buena compañía para toda menta de platos, es notable su presencia en la oferta gastronómica y de restauración de la comarca.