Al día siguiente de la noche de Reyes, el 6 de enero, se acostumbra a comer en los hogares catalanes un roscón de reyes que recuerda la ofrenda real recogida en los textos bíblicos y que incorpora una liturgia propia: sorpresas escondidas en el interior, una figurita de rey, el premio, y un haba, que penaliza a quien se la encuentra con el pago del dulce.
El roscón de Reyes es un pastel de forma redonda con un agujero en medio adornado con fruta confitada y azúcar. Se elabora con pasta de brioche, hecha con huevos, azúcar, leche, mantequilla y harina y se cubre con fruta confitada y azúcar. Actualmente se rellena de mazapán, crema o nata. Se consume durante el día de Reyes, normalmente por postre de la comida de celebración o también entre horas.

Se comercializa en pastelerías y algunas panaderías de toda Cataluña el día de Reyes.
Es un producto con un elevado valor energético. Su componente principal son los hidratos de carbono, tanto simples como complejos. También es una buena fuente de grasas y proteínas de elevada calidad. Dentro de una alimentación variada y equilibrada, se puede consumir ocasionalmente.