El salchichón, también dicho 'salchichón seco', es uno de los embutidos crudos curados del cerdo más populares de nuestra casa.
Para hacerla, se escogen los lomos, también las paletillas y los jamones según el elaborador, desengrasados y sin ningún nervio, se pican o se trinchan. Esta carne se pone en un paño bien limpio y atado y se coloca para que se escurra un poco. Tan pronto como la carne se ha escurrido, se pone sal y pimienta. El salchichón se embute con tripa culana o semiculana y se hacen unos trocitos de piel de unos veinticinco o treinta centímetros. Las pieles de la llongonissa se cocinan de una cabeza y de la otra y se liga con un trocito de hilo, llamado hilo de empalomar, haciéndole una anilla para poderla colgar. Cuando casi son secas, se pasan a la bodega para que se terminen de curar, proceso durante el cual se produce la fermentación y la aparición de los hongos que dan el color blanquinoso característico de este embutido.

Se distribuye en charcuterías y tocnerías de toda Cataluña.
El salchichón, como otros embutidos, es un producto de elevado valor energético. Sus componentes principales son proteínas de alta calidad y grasa del cerdo. Nos aporta hierro y una gran cantidad de sales minerales, como el sodio, el magnesio, el fósforo y el zinc. También son una buena fuente de vitaminas del grupo B. Debido a su contenido de grasa y de sal, se debe consumir moderadamente, pero dentro de una alimentación equilibrada y variada se puede incluir de tanto en tanto.