Elaborado a partir del aprovechamiento exhaustivo de los restos de la matanza del cerdo, es un producto cárnico que habitualmente estaba destinado al autoconsumo.
También llamados telerones, lengüets o perritos de sangre, se hacen con los elementos sobreros después de haber elaborado otros embutidos. Actualmente se emplea la misma ensalada de la butifarra negra, con sangre de cerdo, tocino, papada, cortezas, cebolla y harina o pan para espesar la mezcla y darle consistencia. Una vez trabajada la mezcla, se rellena la mantilla de hígado, o del bazo, y se cuece en la caldera.
Se comercializa en unas pocas charcuterías y tocinerías próximas a las zonas de producción.
Se trata de un alimento muy energético, rico en grasa y colesterol, pero a la vez rico en proteínas de alto valor biológico y vitaminas del grupo B. Por el hecho de contener la sangre del cerdo, se convierte también en una excelente fuente de hierro. Además, constituye una fuente de hidratos de carbono complejos, ya que contiene harina. Dentro de una alimentación variada y equilibrada, su consumo ocasional es totalmente aconsejado.