La producción de quesos artesanos en el Pirineo y Prepirineo se potenció en los años 80, y actualmente es una actividad de artesanía alimentaria consolidada.
Los tipos de quesos adscritos a esta certificación de calidad son el fresco (salado o sin sal) y el queso madurado de pasta prensada no cocida (con o sin intervención mecánica). En el caso de los quesos frescos, el proceso incluye la pasteurización de la leche, inoculación opcional de fermentos lácteos, coagulación con cuajo animal, moldeo y escurrimiento. En cuanto a los madurados, la leche se pasteuriza, se produce una fermentación y coagulación con cuajo animal, la separación del suero y lavado de la pasta, el moldeo y prensado, el salado en salmuera, escurrimiento y orejada; el último paso es la maduración (tierno, de 3 a 6 semanas; semiadobado, de 6 a 12 semanas; curtido, superior a 12 semanas). En ambos casos, se pueden emplear leche de vaca pasteurizada, cuajo animal, fermentos lácteos, sal y leche en polvo (sólo en los quesos frescos, y con un máximo del 2%).
Los quesos con marca Q se comercializan, con la correspondiente identificación, por piezas enteras en queserías de toda Cataluña, donde también se venden a cortes.
El queso tiene, de forma concentrada, la mayor parte de nutrientes de la leche. Sus componentes principales son las proteínas y las grasas. Destaca la elevada cantidad de calcio, importante para una correcta formación de huesos y dientes, que puede llegar a ser 10 veces superior a la de la leche. También es una buena fuente de fósforo, que forma parte del ADN, y zinc, que interviene en el funcionamiento del gusto y del olfato. Aporta una gran cantidad de vitamina A, necesaria para el buen funcionamiento del sistema nervioso, y D, que actúa en el intestino favoreciendo la absorción de calcio.