Este embutido típico de los Pirineos se solía elaborar en época de Carnaval, uno de los pocos que se hacían fuera de la matanza, e intervienen ingredientes propios de este periodo del año, como los huevos. Se preparaba en las casas de campo y, aunque estuvo a punto de desaparecer, las tocinerías y restaurantes lo han recuperado.
Es un embutido que se prepara llenando el estómago del cerdo con carne de la cabeza, papada, tocino, pan, huevos, panzas, arroz, ajo, pimienta y perejil, y luego se somete todo a una cocción prolongada, ya que el grosor del relleno es considerable. Tiene un gusto pronunciado e intenso. Se suele comer durante las comidas festivas cercanas al día de Carnaval, a rodajas con pan o entremeses, o bien frito a la paella.
Se vende básicamente en época de Carnaval en charcuterías y tontcinerías de la zona.
La combinación de los diferentes ingredientes que componen el relleno de Carnaval lo hacen un alimento muy nutritivo. Es una buena fuente de proteínas de elevado valor biológico, además de contener hidratos de carbono complejos y grasas, tanto saturados como insaturados. Es, por lo tanto, un alimento muy energético que aporta gran diversidad de nutrientes. Dentro de una alimentación variada y equilibrada, su consumo ocasional es totalmente aconsejado.