Es la única raza de cabra autóctona catalana después de la desaparición, a mediados del siglo XX, de la cabra catalana, que se criaba en los Pirineos catalanes.
La cabra blanca de Rasquera pasta actualmente en las zonas interiores de las comarcas del Ebro, en rebaños concentrados sobre todo en Horta de Sant Joan, El Perelló, Prat de Comte, Rasquera, Tivenys, Tivissa y Tortosa. Se acostumbra a criar en régimen extensivo y, por tanto, se alimenta de los recursos forestales.
Es particularmente apreciada por la calidad de la carne de sus cabritos y crestones: una carne tierna, compacta y de sabor intenso. Estos cabritos son alimentados únicamente con leche de la madre. Aunque se van haciendo todo el año, su producción es bastante estacional, ligada a las fechas navideñas, cuando aumenta su consumo.
Se comercializa fresca en unas pocas carnicerías de las comarcas del Ebro y en algunos grandes mercados catalanes.
La cabra, como todas las carnes, es una buena fuente de proteínas de elevado valor biológico, rica en hierro de fácil absorción y vitamina B12, indispensable para la formación de glóbulos rojos, para el crecimiento corporal y para la regeneración de tejidos. No se destaca por ser una carne con alto contenido de grasas. Cabe destacar su contenido en zinc (cuya deficiencia retrasa el crecimiento), superior al resto de carnes, y su elevado contenido en vitamina B1, que permite obtener el máximo de energía procedente de hidratos de carbono.