El Baix Llobregat, una comarca con profundas raíces agrícolas, tiene fértiles huertas en el último tramo del río, donde el porro ha ganado presencia en los últimos años.
Los porros –Alium porrum– cultivados en el Baix Llobregat presentan un aspecto reluciente, y son alargados y con las hojas de un verde vivo. Se emplean diversas variedades de esta hortaliza para obtenerlas con las mejores cualidades organolépticas. Favorecido por el clima templado por la proximidad del mar, su temporada productiva se alarga durante gran parte del año, normalmente con métodos de rotación de cultivos. Su sabor suave y dulce lo hace muy versátil en la cocina, ya que se puede incorporar en todo tipo de guisados, sopas o cremas, así como gratinados al horno, como adorno...
Se distribuyen por todo el territorio, en especial en paradas de mercados y fruterías del área metropolitana.
Junto con el ajo y la cebolla, el porro es un bulbo. Está formado mayoritariamente por agua, razón por la cual aporta muy poca energía. Es un alimento rico en fibra, que favorece la regulación intestinal. En cuanto a las vitaminas, el ácido fólico es la más abundante, seguida de la vitamina C. Los minerales que contiene son el potasio, el magnesio y el hierro, aunque este último se absorbe muy poco.