Muestra del aprovechamiento del membrillo en las zonas de montaña, el membrillo es un producto de larga conservación derivado de esta fruta y que tradicionalmente se hacía en el ámbito doméstico. En los últimos años, algunos artesanos de las comarcas pirenaicas y meridionales la han empezado a comercializar.
El membrillo es una confitura de membrillo de sabor agridulce que se hace tradicionalmente a partir de mediados de octubre, cuando se recoge el fruto, haciendo hervir los membrillos pelados y troceados, añadiendo azúcar y agua, y volviéndolos a cocer. La pasta que resulta se pone en unos moldes y se deja reposar unos días para que tome forma y consistencia. Se suele consumir para postres, acompañado de queso tierno, pero también forma parte de numerosas elaboraciones dulces.

Se comercializa envasado o en botas de cristal cerrados herméticamente en algunas tiendas especializadas y agrotiendas de toda Cataluña.
El valor nutricional del membrillo es similar al de cualquier otra conserva de fruta. Es un producto con un contenido energético elevado, debido al azúcar que se añade. Sin embargo, destaca ante otras confituras por su contenido en fibra y taninos. El membrillo, cuya fruta se obtiene, es rico en fibras solubles, que mejoran el tránsito intestinal, y en taninos, que le dan las características astringentes. Además, contiene ácidos orgánicos con propiedades desinfectantes y que favorecen la eliminación del ácido úrico.